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Résumé :
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Lunes 18 de octubre. Sainte-Beuve, quien nos escribió para trabar conocimiento intelectual con nosotros, viene a casa a lasdos. Es un hombre pequeño, redondo, petiso, de cuello grueso, de aspecto campechano, una especie de silueta a la Béranger. Tiene una frente ancha, un cráneo calvo y reluciente, grandes ojos al ras de la cara, nariz de curioso, de sensual, de goloso, la boca amplia de líneas desagradables y rudimentarias, oculta por una amable sonrisa, pómulos muy particulares, pómulos sobresalientes y bombeados como los enormes nudos de un árbol. Al verlo con su frente blanca, sus mejillas coloradas, su tez rosada de muñeca, se diría que es un bibliotecario de provincia que vive en la sombra de un claustro de libros, bajo el cual tendría una bodega de generoso borgoña.
Habla sin cesar y de a pequeños toques, sin dar jamás grandes pinceladas: su conversación se asemeja a la paleta de una pintora de acuarelas, llena de bonitos tonos tímidos y delicados.
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