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Résumé :
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El proyecto de Glissant de dar razón de lo real en el Caribe está destinado a ser incompleto. En realidad, es hacia lo incompleto que apunta, porque desconfía tanto de las ideologías nacionalistas que simplifican la heterogeneidad del espacio caribeño como de la reproducción ingenua de estereotipos primitivistas. Fue precisamente la incapacidad de restaurar continuidades históricas y orígenes ausentes lo que para Glissant representaba el potencial caribeño de establecer nuevas conexiones transversales y concebir las ricas posibilidades del espacio del archipiélago. La concepción del Caribe como espacio ambivalente de oposición en El discurso antillano, se prefigura décadas antes en el diario de viajes de 1955, Soleil de la conscience, donde las ambigüedades y tensiones de la identidad individual se dramatizan en función de un mundo finito, del que no queda nada que explorar en el sentido convencional. Los viajes de descubrimiento ya no son posibles, pues no queda ningún "lugar otro", porque, como observó clarividentemente en 1955, "estamos, todos, reunidos en una única ribera".
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