|
Résumé :
|
Siempre m ha cautivado la palabra: jazz. Las dos zetas juntas inspiran ensoñación, pero, en especial, se trata de una palabra que cada vez que es dicha adquiere otra consonancia, encaja en boca, entre los dientes, en paladar y lengua con precisión. Algún caricaturista podría emplear esta palabra para representar al acto de dormir y nadie se lo discutiría. Este relato, que afloró de un plumazo, es mi humilde tributo a uno de los géneros artísticos más destacados de las últimas décadas, dedicado a aquellos que lo tararean y lo reservan. Se trata del gran legado de lo estadounidense a la contemporaneidad, sin duda alguna.
Los nombres y las circunstancias que aquí se retratan no coinciden. Aunque los músicos, la musa, el bartender y l escritor mencionados han existido, quizá no compartieron en estricto un tiempo ni lugares o actos comunes, incluso es posible (acaso probable) que entre los contendientes no se hubiesen prestado oído el uno al otro. Sin embargo, la ligera sospecha de que esto hubiera sucedido y de que la dulce Jazz hiciera de ellos un par de demonios motivó la imaginación de James Ellroy con la misma fuerza que a mí. Y solo por eso pasa ahora y pasaré siempre.
|